por Flor Sobero

Queridos compatriotas,
Hoy, durante el compromiso rutinario de salvaguardar la seguridad de la ciudadanía, bajo la luz de la luna que acaricia las carreteras de Ica, reflexiono sobre esa relación inquebrantable con el servicio que miles de apasionados servidores anónimos de la patria, que han estado dispuestos a dar su vida por proteger la del indefenso una y otra vez.
Es una fecha especial. ¡35 años de la noble y valiente Policía Nacional del Perú! y desde este rincón de mi corazón patriota, deseo tejer palabras que reflejen la esencia misma de aquellos que han sido guardianes de nuestra alma nacional.
En las páginas de nuestra historia, la semilla del rol policial se sembró hace más de dos siglos, en los pliegues de la Constitución de 1823. Un documento que resonaba con la esperanza de una nación joven y que delineaba el deber sagrado de proteger y servir a la patria. Más de 200 años después, ese juramento perdura en el corazón de cada policía, una llama eterna que arde con la misma intensidad.
Somos testigos de la valentía de aquellos que han sostenido el estandarte policial, enfrentando vientos tempestuosos y manteniendo la calma en el ojo de la tormenta. Nuestros policías, con su compromiso inflexible, han sido faros que iluminan el camino hacia un Perú más seguro, más fuerte y más unido.
En esta celebración, rindo homenaje a cada historia anónima de sacrificio, a cada gesto silencioso de heroísmo. Las calles son un poema donde los policías, con su presencia firme, componen la melodía de la paz. El rostro de cada agente es un verso que entrelaza nuestros días con un sentido de seguridad, una sinfonía que nos recuerda que, en las sombras, siempre hay luz.
200 años en los que hemos sido testigos de la evolución de una institución que ha abrazado el cambio y la adaptación. Desde las antiguas páginas de la Constitución hasta las modernas estrategias de seguridad y cibercrimen, nuestra Policía Nacional ha demostrado ser resiliente, siempre mirando hacia adelante con la determinación de proteger el bienestar de nuestra amada tierra.
Nuestra labor va más allá de las estadísticas e informes, es sensación de seguridad; Hoy, a través de estas palabras y esperando representar el sentir de miles de colegas al servicio de la comunidad, reiteró mi compromiso de servicio a mi sociedad.
Este aniversario, celebremos juntos el legado de una Policía Nacional que late en sintonía con el corazón de la nación. Que cada ciudadano, al mirar el uniforme, sienta la certeza de que estamos protegidos por mentes fuertes, manos limpias y corazones nobles. ¡Felices 35 años, Policía Nacional del Perú!
Con gratitud y amor.
Flor Sobero -Gracias por existir –

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